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I Intercambio de blogs: La ruleta...

Quinta experiencia de okupa en un blog ajeno. Esta vez se trata del blog Los concursos de la tele y, como la cosa va de concursos y de la nutrida experiencia de su autor, Fernando Cerezo, en ellos, pues toca hablar de uno: La ruleta de fortuna.

LOS CONCURSOS DE LA TELE
Mi primera vez...
(Por TELEpatético)

Mi primera vez fue en La ruleta de la fortuna. En realidad, la primera y la última. Ya tenía claro entonces que me gustaba la tele. Pero no salir en ella. Pero era estudiante y tenía los bolsillos vacíos. Y bueno, estudiaba Periodismo. En la facultad hacían excursiones para que fuéramos a visitar cadenas de televisión. Y, la verdad, me pareció más divertido visitar una cadena de esta manera. Me pagaban el avión. El taxi. El hotel. Y el premio, si ganaba.

Lo primero que me desconcertó fue la sinceridad del equipo. La ruleta en realidad se movía sola. “Igual que la accionamos automáticamente para pasar a publicidad podríamos hacerlo cuando participáis para que cayera donde quisiéramos, pero no lo haremos”, nos confesaron en los ensayos. Porque sí, también había que ensayar la tirada de la ruleta, la cara de alegría (“mostraos muy expresivos”, nos decían) y hasta inventarse qué hacer con el dinero. “No hace falta que digáis la verdad, mejor algo original que decir todos que queréis el coche o lo de tapar agujeros”. Yo me inventé un viaje idílico porque quería el coche y tapar agujeros.

Pero había más sinceridad para sorpresa de todos nosotros. Sólo se llevaba la pasta a casa el que más dinero ganara y pasara a la final. El resto, consiguiera lo que consiguiera, se decía en antena que sí, que se lo llevaba, pero nos dejaban claro que no, que no había un duro para ellos y que sólo se levarían un premio de consolación por jugar, y así lo firmamos en un contrato de unas diez páginas con otras tantas cláusulas. La cosa quedaba fea porque si no ganabas el programa tus familiares y amigos veían en la tele que el presentador te despedía con no sé cuántos euros pero no, no te llevabas un duro, así que estabas condenado a quedar como un gorrón o como un mamón, que viene a ser lo mismo.

El objetivo estaba claro: llegar al panel final si quería hacer rentable el viaje. El primer panel lo acerté. El segundo me lo arrebataron por una ruleta con ganas de cambiar de manos. Y el tercero lo volví a ganar. Dos mil y pico euros después me enfrentaba al panel final con aquello de cinco consonantes y una vocal (eran otros tiempos). Lo fallé. No quise decir la respuesta en casa y cuando vi el programa con familiares y amigos nadie fue capaz de resolverlo. Pero en el sobre no estaba el coche sino el viaje. Y respiré aliviado.

La sensación más extraña y bonita fue que al final de la grabación, los que habían perdido tenían sus premios de consolación en las manos: un reproductor de música cada uno. Los que habíamos ganado nos íbamos con las manos vacías con la promesa de que dentro de “tres o cuatro meses” nos ingresarían el premio.

3 comentarios:

Alain dijo...

Patidifuso me dejas. ¿Pero eso era antes o también ahora? Porque al Jorge se le llena la boca cada vez que dice los "buenos pellizcos" que se llevan el segundo y el tercero...y lo de que la ruleta está autodirigido es el colmo!

TELEpatético dijo...

-Alain, era antes, era antes. Desconozco cómo es ahora. Pero antes también les despedían diciendo que tenían "equis pasta" en el marcador y no había un duro para el segundo y el tercero.

Anónimo dijo...

buenos,Me Disfruta su website,muy informativo, Te falta sólo una herramienta de traducción el resto tudo ok!
hasta
excusa mi mal espanol!

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