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10 cosas aprendidas en Eurovisión



-Que José María Iñigo sufre ya el síndrome del locutor eurovisivo con incontinencia verbal y se cree más importante que el propio evento. Interrumpió canciones, la primera con la que se abrió la gala, la canción interpretada por los ganadores del año pasado, la actuación celebrada mientras se recuentan los votos y hasta la canción ganadora. Por no saber no supo ni acabar a tiempo y pisó hasta la sintonía final de Eurovisión que sirve para desconectar con las emisiones nacionales. Para más inri, cuando se puso a "adivinar" votos a lo Uribarri falló en alguna ocasión. Muy desacertado.

-Que no vale con copiar la edición del año pasado para mejorarla. Era evidente las ganas de imitar la exitosa edición el año pasado, pero pecaron de una realización mal acompasada (a veces parecía que todo iba a cámara rápida), el set de los participantes era una copia del de Alemania, el propio escenario y hasta el vídeo de cómo se ha montado todo era una mala copia, hecho con un plano general que no sirvió para ver nada.

-Lo recargado cansa. Es uno de los pocos festivales en los que no se ha superado la edición anterior. La tele de Azerbaian pecó de un festival demasiado recargado, mucho fueguecito y mucho led funcionando todo a la vez hacían que cada canción ya no tuviera identidad propia. De hecho, una de las pocas que consiguió desmarcarse fue la de Suecia, la ganadora, que apostó por dejar atrás el colorín y envolverse en un elegante negro.

-Que la canción de Pastora Soler no era tan bueno como algunos quisieron creer. Y que en un festival que es puro espectáculo resultaba un comienzo muy lento y una puesta en escena demasiado sobria para alguien que, a la antigua usanza, solo mueve el brazo para cantar.

-Que el jurado profesional no mejora tanto el televoto. La prueba está en las abuelitas alemanas, muy divertidas pero que el propio jurado de TVE decía que no merecían ganar. Sin embargo, acabaron segundas. Si televoto y jurado cuentan al 50% las abuelitas gustaron, y mucho, al jurado profesional.

-Que los programas pre y post realizados por TVE siguen siendo un desastre. Colocarse en el decorado de Mariló Montero sin poder ampliar plano para que no se vea el resto del set, cortar a destajo a Rosa dando paso al Telediario mientras interpretaba una canción o soltar los mismos topicazos de guión al empezar y al acabar solo consiguen hartar al espectador.

-Que Igartiburu no es imprescindible. No estuvo en el previo ni en el post, tampoco dando los puntos y el programa resultó igual de prescindible que cuando ella está, incluso menos meloso. Queda claro que el papel clave sigue siendo el de la voz que retransmite el festival.

-Que Eurovisión resulta repetivo con las dos semifinales. Deberían volver a la gala única, porque la fórmula actual favorece a las canciones que actúan dos veces. Además, no es democrático que por dinero el big 5 esté automáticamente clasificado. Una buena fórmula sería que los últimos puestos no puedan participar el año siguiente, como ya se hizo un tiempo. De esa forma también se daría emoción a los últimos votos, una vez que está claro el vencedor.

-Que tanto país votando consiguen que las votaciones sean largas, monótonas y aburridas. Uno nunca se entera de por dónde van ni cuántos ni quiénes faltan por votar. Lo suyo sería que solo puedan votar los que consiguen actuar en la final para evitar el agónico desfile de más de 40 países repartiendo su puntuación.

-Que pese a todo el festival volvió a ser un gran espectáculo televisivo líder de audiencia: 6,5 millones de espectadores y 43,5% de audiencia vieron el concurso en La 1. Por cierto, TVE interrumpió la retransmisión en su primer canal para endosarnos un concurso telefónico de RNE mientras, al menos, su canal HD continuaba con la retransmisión, lo que no evitó que Iñigo continuara interrumpiendo con su verborrea otra de las canciones (esta fuera de concurso). Qué mala educación.

2 comentarios:

Alain dijo...

Pues este año me la he perdido por tener que currar, jo. Pero la veo en diferido, que si han copiado tanto a Alemania como cuentas no tiene que haber estado nada mal. Creo que cuando hable Iñigo le quitaré el volumen al ordenata, qué pereza de hombre, que vuelva Beatriz Pecker!

Anónimo dijo...

De acuerdo en todo menos en la sustituta de la Igarteburu. A mi no me convenció nada, la veo muy sosa y no tenía nada claro lo que hacía.

No se vayan todavía, aún hay más...

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