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La patraña Igartiburu-Mariló

DECEPCIONANTE REENCUENTRO EN EL QUE NO ACLARARON NADA

Aquí paz y después gloria. Mariló Montero y Anne Igartiburu se volvieron a ver las caras para no aclarar nada. Esperemos que entre pasillos hayan resuelto lo suyo, en la intimidad, fuera de las cámaras. Porque en +Gente las dos presentadoras se limitaron a representar un teatrillo para hacer ver a los espectadores que son divinas, monísimas y se aprecian un montón. De hecho, hasta Anne Igartiburu se atrevió a dejar que Mariló la abrazara sin comprobar antes si en la mano volvía a llevar algún puñal con el que decorarle su espalda.

TVE, a través de la web y también durante la emisión del programa en televisión anunciaba una y otra vez con continuos subtítulos en pantalla al estilo Sálvame para dentro de unos minutos la entrevista alimentando el morbo. Y los breve minutos se convirtieron en dos largas horas hasta que poquito antes del tramo final del programa llegó el momento. Anne Igartiburu fue de elegante (olé) y Montero de olvidadiza (con un par). Tras ejercer de vendedora de enciclopedias durante seis minutos junto al médico al qu hace bullyng en su programa, Anne sacó el tema sin sacarlo ("Te diría muchas cosas pero si no las dices tú...") y Montero lejos de repetir el perdón rollo católico con el que se descolgó en un periódico sevillano en un texto que parecía más enfocado a encontrar la comprensión de un cura que a sincerarse y disculparse con su compañera, sacó de refilón el tema. Ante la tibieza, Igartiburu la echó un capote haciendo como que la confundía con Ana Pastor (al fin y al cabo compartín un trocito de pantalla cada mañana) y sus preguntas directas e incisivas asegurando que ella ya sabía cuando fue que Mariló Montero hace así las entrevistas.

Montero se resiste a explicar qué le llevó a atacar así a su compañera de cadena y Anne Igartiburu no quiso rebajarse a su nivel y, al contrario, subió varios peldaños para mirarla desde las alturas de la dignidad, la elegancia y la profesionalidad. ¿Se trataba de eso? Pues no. Se trataba de ser sinceras y que las dos contaran lo que les pasó por la cabeza aquella mañana de lunes, pero no, prefirieron interpretar el papel de amigas divinas de la muerte, quizás por miedo a que alguien confundiera su programa con Sálvame, como le ocurrió al que pone los rótulos con los cebos, eficaces para engañar a los espectadores un día, sí, pero insuficientes para seguir haciéndolo a partir de ahora.

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